Cada vez está más cerca el último y gran avivamiento, aquél en el cual la tierra entera se llenará de la gloria de Dios y todas las naciones escucharán su voz. Pero para que esto ocurra, es necesario un pueblo lleno de pasión por las almas y dispuesto a llevar las “buenas nuevas” hasta lo último de la tierra. Hay lugares donde miles de millones de personas viven sin haber oído jamás el nombre de Jesús, pues nunca tuvieron la oportunidad, por eso, en estos días el Señor está demandando de su pueblo consagración y amor por aquellos que no le conocen. Muchos de los que hoy están en una etapa de crecimiento y edificación, serán los que mañana salgan de misioneros al mundo, por lo cual necesitan ser capacitados para realizar esa obra.
El Instituto de Capacitación Ministerial (ICM) es un ministerio del Centro Cristiano Nueva Vida, destinado a capacitar al pueblo de Dios. Su tarea está orientada a que los hermanos tengan un conocimiento sólido de la Palabra de Dios y una plena aplicación de la misma a sus vidas y ministerios, para que ambos se desarrollen con plenitud.
La Biblia tiene revelación para la vida. Brinda la luz necesaria para asuntos como la familia, la educación, la política, la cultura, el arte, los deportes, la administración pública, la producción, los negocios, la justicia, el amor, la salud, la sociedad… En síntesis: abarca todas las áreas y aspectos de la vida.
Nuestro objetivo es formar hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, preparados para servir al Señor en los diferentes ámbitos de nuestra sociedad, que sean capaces de dar respuesta de parte de Dios a las diferentes problemáticas del mundo actual.
El ICM es una respuesta al mandato bíblico de "edificar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4). Sin embargo, no concebimos la enseñanza como un fin en sí misma sino como un medio para edificar al pueblo de Dios y afectar a nuestra sociedad con el Evangelio de Jesucristo.
Nuestra tarea no está reducida a impartir conocimientos, sino además al refuerzo de valores cristianos, aplicados en la vida personal y ministerial. Es decir, desarrollar en los hermanos las actitudes y los hábitos propios de la cultura de Jesús.
Estamos viviendo días de temor e incertidumbre, la desesperanza es moneda corriente en todos los rincones del planeta. Hoy, más que nunca, es tiempo de llevar la Vida de Jesús a todos aquellos que no le conocen, de acercarse a las personas que sufren y predicarles del amor de Cristo.
Hemos recibido de Gracia; es hora de comenzar a dar de Gracia.

